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28/10/2013

AVANCE SOBRE LA REFORMA FISCAL QUE PREPARA EL GOBIERNO

El modelo tributario español hoy se caracteriza precisamente por la ausencia de un modelo claro y coherente. Durante los años previos a la crisis, el sistema fiscal invitaba al endeudamiento de familias y empresas. En términos fiscales resultaba mucho más atractivo emprender una inversión empresarial con financiación ajena que con recursos propios. Y, para las familias, el modelo incentivaba la compra de vivienda frente al alquiler. La crisis ha desmantelado este paradigma y revelado las imperfecciones de un sistema tributario excesivamente dependiente del sector inmobiliario.

La desordenada estructura impositiva de España se ha forjado a golpe de reales decretos aprobados con urgencia ante la falta de financiación de la Administración. Los años del boom inmobiliario ocultaron las carencias de un modelo fiscal que políticos, empresarios y expertos coinciden en que debe reformarse. La crisis ha afectado a todos los países, pero ninguno ha registrado un retroceso en los ingresos como España. El PIB nominal avanzó un 3% en 2008 y la recaudación impositiva cayó un 15%. Al año siguiente, la economía en términos nominales retrocedió un 3% y la recaudación volvió a caer otro 15%. Las subidas fiscales aprobadas por este Gobierno y el anterior –nunca se habían subido tanto los impuestos en tan poco tiempo– han servido para evitar un mayor agujero en las arcas públicas, aunque ello no oculta que el actual modelo tiene una capacidad recaudatoria muy baja. España es de los países con unos tipos impositivos más altos y, sin embargo, es de los Estados que menos recauda. Grecia ingresa más que España en términos de PIB. El sistema, nadie lo niega, es ineficiente.

El Ministerio de Hacienda entiende que la salida de la recesión supone el momento propicio para aplicar una reforma integral del sistema tributario español que se aprobará el próximo año y que actualmente estudia una Comisión de Expertos. La letra pequeña todavía no se conoce, pero las grandes líneas de la reforma ya están trazadas.

IRPF: Menos tramos y tipos más reducidos
El impuesto sobre la renta que aplican los asalariados y autónomos es el principal impuesto por recaudación y el que mejor se ha comportado durante la crisis económica. El actual Gobierno, y también el anterior, han recurrido con insistencia a este tributo para salvar los ingresos públicos. Reforma tras reforma, la estructura de este impuesto ha retrocedido una década. El IRPFde hoy se parece por el elevado número de tramos y tipos al vigente en los años noventa. El impuesto cuenta ahora con siete tramos –en 2010 eran solo cuatro– y un gravamen máximo del 52% frente al 43% vigente antes de la crisis. Y algunas comunidades como Cataluña han utilizado su capacidad normativa para elevar hasta el 56% el tipo máximo para las rentas más altas, un porcentaje que en el mundo solo supera Suecia y la pequeña isla de Aruba. La reforma fiscal irá encaminada a rebajar tramos y tipos impositivos, especialmente en los tramos más elevados.

Buena parte de los teóricos fiscales defiende un tipo único y gestionar la progresividad a través de los mínimos exentos. Este modelo, difícil de vender a las puertas de unos comicios –la reforma fiscal se aprobará en 2014 y las elecciones generales son en 2015–, tiene la ventaja de simplificar el impuesto. Además, un mínimo exento elevado puede llegar a convertir el sistema en más progresivo que un modelo basado en un gran número de tramos y tipos.

Es pronto para saber cuál será la estructura del IRPF, aunque existe absoluta certeza de que tendrá menos tramos, tipos más reducidos y, previsiblemente, se ampliarán los mínimos personales y familiares, especialmente para los contribuyentes con hijos. De hecho, esta es una promesa electoral del PP que quedó en el cajón y que Hacienda confía en cumplir.
 
La literatura y las recomendaciones de la Comisión Europea o el FMIapuestan por rebajar la fiscalidad del trabajo, algo que en España no se ha producido. En 2007, el IRPFrepresentaba el 36% del total de la recaudación impositiva del Estado. Hoy alcanza el 42%. Respecto a las deducciones, no existe ninguna posibilidad de recuperar la deducción por vivienda, que el Ejecutivo de Mariano Rajoy resucitó al llegar al Gobierno y que se vio obligado a retirar en 2013 por las presiones de Bruselas.

IVA e Impuestos Especiales: Elevar la fiscalidad sobre el consumo para ganar eficiencia
Los teóricos coinciden en que se debe rebajar la tributación del factor trabajo y elevar la fiscalidad del consumo. España ya subió el tipo general dos puntos en 2010, del 16% al 18% y, en 2013, se aprobó un incremento adicional de tres puntos hasta el 21%. Solo Hungría y Rumanía en Europa aplicaron incrementos más drásticos de una sola tacada. Sin embargo, Bruselas no cesa en señalar que España recauda poco por el principal impuesto indirecto y culpabiliza de ello al elevado listado de productos que aplican el tipo reducido del 10% o el superreducido del 4%. Ambos regímenes especiales provocan una merma recaudatoria de 9.700 millones al año. La Comisión insiste en que España debe trasladar productos actualmente bonificados al gravamen del 21%. El Ejecutivo de Rajoy lo rechaza de momento para no perjudicar, por ejemplo, el sector turístico, que aplica el gravamen reducido del 10%.

El llamado Informe Mirrlees, un voluminoso estudio sobre el diseño de un sistema tributario óptimo que acaba de publicar en castellano la Fundación Ramón Areces, aboga por un tipo único sin ningún régimen especial. Un escenario improbable porque resultaría impopular suprimir el IVA reducido del 4% que aplican, por ejemplo, los alimentos o los medicamentos. Además, un Estado miembro solo aceptaría un gravamen uniforme, si ello se aplica al resto de países de la UE. En cualquier caso, cada vez más voces, como la de Fedea, insisten en que el IVAno debe utilizarse para aplicar políticas redistributivas. El informe Mirrlees reconoce que el tipo único perjudicaría especialmente a los hogares con menos renta, pero abogan por compensar ese efecto a través de rebajas fiscales en el IRPF. En cualquier caso, todo apunta que, de una u otra forma, España deberá elevar la fiscalidad sobre el consumo. En este sentido, Bruselas recuerda que tiene margen para subir los impuestos especiales.

Impuesto sobre sociedades: La referencia es la fiscalidad empresarial alemana
Ningún otro tributo refleja mejor el agotamiento del modelo fiscal español que el impuesto sobre sociedades, cuya recaudación ha caído un 52% desde 2007. El tipo nominal vigente asciende al 30%, uno de los más altos de la UE y, sin embargo, España es de los Estados que menos recauda. El listado inmenso de deducciones provoca que la tributación efectiva, especialmente para las grandes empresas, esté muy alejada del tipo nominal del 30%. Hacienda se ha marcado como modelo el impuesto sobre sociedades alemán, mucho más simple y con menos beneficios tributarios. De hecho, la limitación de los gastos financieros al 30% del beneficio operativo que aprobó el Ejecutivo el año anterior es una copia casi exacta de la legislación germana. La posibilidad de deducirse sin ningún límite los intereses contribuyó decisivamente al sobreendeudamiento de las empresas y fomentó operaciones financieras artificiales para acogerse a este beneficio fiscal.

En cualquier caso, el país presidido por Angela Merkel tiene ciertas características que no son exportables a España. En Alemania, la carga fiscal se sitúa en el 29,8% y se divide entre el impuesto sobre sociedades, con un tipo del 15%, y el Impuesto de Actividades Económicas (IAE), un tributo que en España es casi residual. Hacienda no se plantea esta fórmula. Además, la legislación alemana no contempla un régimen especial para pymes, algo que sí sucede en España, donde las pequeñas y medianas empresas tributan al 25% y bajo determinadas circunstancias pueden aplicar un tipo del 20% o, incluso, del 15%. El exdirector general de Tributos, Jesús Gascón, defiende en su libro Diagnóstico y propuestas para una reforma fiscal que este modelo desincentiva el crecimiento empresarial y sostiene que el sistema debería ir en dirección contraria y beneficiar fiscalmente a las empresas que alcancen un determinado volumen.

La reforma de Hacienda no planteará suprimir el régimen especial para pymes. De hecho, la recién aprobada Ley de Emprendedores ha reforzado las diferencias de tributación entre las pequeñas y grandes empresas. La idea de Hacienda, que se plasmará en la propuesta de los expertos es retirar más deducciones para las multinacionales, una medida que podría acompañarse de una reducción del tipo nominal del 30%, un porcentaje que los expertos consideran excesivo.

Ahorro: Beneficios fiscales para los planes de pensiones privados
Las plusvalías del ahorro aplicaban hasta 2010 un tipo único del 18% en el IRPF con independencia de su procedencia (dividendos, intereses, venta de acciones, etcétera). La crisis llevó al anterior Gobierno a establecer una escala progresiva con gravámenes más elevados que el Ejecutivo actual también elevó. Más allá de la segura rebaja de tipos, la reforma tributaria mantendrá la neutralidad en las fuentes del ahorro para no incentivar unos sectores frente a otros. Sin embargo, las aportaciones a planes de pensiones privados seguirán gozando de una reducción en el IRPF, una ventaja que, fuentes del Ejecutivo, aseguran que podría ampliarse.

El Ministerio de Hacienda rechaza acatar la recomendación de Bruselas de eliminar este beneficio fiscal, que tilda de “regresivo” y culpa de “falsear la composición del ahorro”. El ministro de Hacienda ya ha adelantado que el Ejecutivo mantendrá una tributación diferente en función del período de generación de las plusvalías, un cambio normativo introducido el año pasado. Se diferencia así al ahorrador del especulador. Actualmente, los beneficios obtenidos en menos de un año se incorporan al tramo general del IRPFque alcanza un tipo del 52%. En cambio, si la plusvalía se ha generado en más de 12 meses, los beneficios tributan por la tarifa del ahorro que fija un gravamen del 21% para los primeros 6.000 euros de beneficio. Del 25% para ganancias entre 6.000 y 24.000 euros. A partir de ese nivel, la carga fiscal asciende al 27%. El compromiso de Hacienda es rebajar los tipos impositivos.

Patrimonio: Ingenio para gravar la riqueza de los ricos de verdad
La tributación sobre la riqueza tiene muchos enemigos que argumentan que no tiene sentido castigar fiscalmente el patrimonio. En teoría, los bienes que un contribuyente posee se han adquirido con rentas que ya tributaron en su momento en el IRPF, en el impuesto sobre sociedades o en el impuesto sobre sucesiones, en el caso de patrimonios heredados. Sin embargo, la Comisión Europea y, recientemente también el Fondo Monetario Internacional (FMI), tiran de pragmatismo y apuestan por sacar más partido a los impuestos que gravan la riqueza porque, en su opinión, son más eficientes y distorsionan menos la economía.

Más allá del IBI, el tributo municipal que aplican los propietarios de inmuebles, está vigente el impuesto sobre el patrimonio, un tributo que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero eliminó en 2008 y recuperó con carácter temporal para 2011 y 2012. El Ejecutivo de Mariano Rajoy prorrogó su vigencia hasta el ejercicio fiscal de 2014, año en que desaparecerá definitivamente. Sin embargo, el Ejecutivo tiene la intención de idear un nuevo modelo de tributación patrimonial, que estaría vinculado al IRPF. En este caso, el mayor reto será establecer un tributo sin lagunas que realmente grave a los ricos. El problema del impuesto sobre el patrimonio actual es que resulta fácilmente eludible para los contribuyentes más adinerados y que pueden camuflar sus propiedades bajo un paraguas empresarial. Precisamente, este fue uno los argumentos esgrimidos cuando se eliminó.

Fuente: www.cincodias.com